domingo, 24 de abril de 2011

Capítulo 4


En la lista estoy, pero...
¿Quien más esta en la lista?

El silencio de Lucía se prolongó hasta romperlo con un “Estoy en el horno, no sé si llego para alquilar un salón!”  - ¿Un salón?! me pregunto... Son 7 los que cumple Candela... y si bien es cierto que 7 es múltiplo de 21, o sea, estaría a un tercio de la mayoría de edad, también es cierto que no guarda relación numérica con los 15, que es el cumple esperado por toda niña y madre. En tal caso... estaría fantástico festejar los 7 años y 6 meses que representaría en tiempo lo que falta para los 15. Pero no. Obviamente, cuando le propuse esto a Lucía me saco cagando. De todas formas le seguí poniendo onda a los preparativos y en ayudar a Lucía con buena predisposición, aunque sin entender demasiado. Un salón con pelotero? Esta bueno pensé. La animación con un mago? Esto se esta poniendo divertido. Según Lucía son 16 compañeritas del cole, 4 primas y una amiga del alma. - ¿No hay vecinitas? pregunte - No… a ella las nenas de la cuadra no la invitan. - Ok. Que se jodan. Se van a perder una fiesta de puta madre. Ayer, en plena tarde de calor agobiante y definición por resolver finalmente el cumple de Cande, Lucía me titula lo que iba a ser uno de los primeros quilombos de nuestra pareja: Ya esta… busquemos un salón, somos 65. - ¿Cómo 65 Lucia? ¿No será mucho? - Y… es que somos un montón! - ¿Pero vos finalmente no habías resuelto hacerlo en tu casa? - Si… pero no. ¿Cómo meto 65 personas en casa? - A ver, cuantos chicos son? - Son 21 chicos y 44 grandes. - Entonces hace para los chicos nada mas y en tu casa… que los padres no participen. - No amor… los grandes son de la familia. - Mi vida… Candela cumple 7 o además se casa ese día? - Sos bobo eh! - Me dijo mientras me daba un beso y tomaba la lista de invitados y la guardaba en su cartera.
El cumple de Cande se había vuelto una situación difícil de masticar para mi porque, como si esto fuera poco, yo hasta el momento no estaba seguro de ser invitado. ¿Me habría contado Lucia entre los 44 grandes? Entre los 44, habría contado padres y madres del cole, tíos, abuelos, primos y novio nuevo? ¿Yo era el 44?


martes, 19 de abril de 2011

Capítulo 3

La mía con Marquitos no esta.
Pero tengo esta de un cumple
que la pase bárbaro.
Candela, a quien sigo sin conocer personalmente, va a cumplir años. Aparentemente 7. Cumpliendo con los requisitos del buen novio acepto la invitación de Lucía a participar de los preparativos. Hace un baile, le dije - ¿Cómo un baile Coco?! Así fue como mi primera idea había sido descartada. Y mientras Lucía me explicaba las razones recordé mis cumpleaños de chico. ¿Dónde tendré esa foto que estoy con Marquitos babeando el hule por la Crush que teníamos adelante aún sin destapar? Pero la puta madre! - ¿Qué pasa amor? - La foto... con Marquitos. - ¿Qué foto? - Las de mi cumple cuando era chiquito... esas también las tiene ella. - ¿Y para que le diste esas fotos a tu ex? - No, no hablo de ella. - No te entiendo Coco ¿De quién hablas? - Francisca las tiene. ¡Claro! Las tiene Francisca...que turra! - Francisca tu hermana? – Si... me dijo “Estas fotos me las llevo yo, total...” - Total que?, me pregunto Lucía. - Total vos no tenes hijos, a quien carajo se la vas a mostrar. - ¿Eso te dijo? – No Lucía... yo pienso que me habrá querido decir eso. Cuando Lucía hace silencio me inquieta. ¿Cómo se festejan los cumpleaños de los chicos ahora? ¿Se sacan fotos?

miércoles, 13 de abril de 2011

Capítulo 2


Patético.

Anoche salimos a cenar. Pero antes debíamos pasar por lo de Verónica, que es la mamá de una compañerita de colegio de Candela, para dejarle una campera. - ¿Para qué la campera Lucía? Si va a estar en lo de la amiga. – Porque en un rato la pasa a buscar el padre. Apurate así llegamos antes. – me dijo Lucía.
No sólo estaba por conocer a la hija de Lucía sino también era probable que me encuentre con su ex. Que lindo momento!
¿Es en esta cuadra? -  Si, pero estaciona en la esquina. - ¿Te parece tan lejos? -  Si, si... No, no... mejor cruzá. Me di cuenta que Lucía no quería que me viera Candela y por eso para tranquilizarla le dije: Pero con los vidrios negros no me va a ver. -  Pero se va a dar cuenta. - ¿De qué se va a dar cuenta? – De todo... Candela es muy intuitiva. – Pero Lucía. - Acá, dejame acá. Le doy la campera y vengo. Y cerró la puerta del auto dejándome solo y a 120 metros de la intuición de una niña de 6 años. Comencé a pensar sobre la relación entre la capacidad de intuir y la distancia. Obviamente si yo frenara en la puerta no habría que ser muy perspicaz para darse cuenta que “Mamá esta de novio con un bigotudo”. Pero... ¿cómo sería si yo la esperara a 20 metros? “Mamá va a salir con un tipo”. ¿Y a 60 metros? “A mamá la están esperando”. Y si duplico esta distancia es: “Mamá tiene una reunión con ex compañeras del secundario en la casa de una de ellas que casualmente no tiene hijos y ninguna va a ir con chicos porque el departamento es muy pequeño y además esta recién mudada y es peligroso”. Se abre la puerta. - Listo, gracias amor. -  ¿Todo bien? - Si. Al fin la conociste. - ¿Cómo?! - Digo que por fin la conociste. - A cien metros de distancia mucho no la conocí que digamos. - Bueno, de a poco. - Si, mas vale. Lo único que pude ver desde acá es que es grandota para 6 años. Si... el padre es grandote. - ¡Ah!
El ex de Lucía no apareció, se ve que llegó tarde.

domingo, 3 de abril de 2011

Capítulo 1


Lo que diseñe mientras hablaba con Lucía.
Estoy jodido - pensé. Ya me había enamorado de Lucía. ¿Y ahora... que hago? Se supone que en algún momento voy a querer vivir con ella. Ya somos grandes... no? No. Me saco esa idea de la cabeza. Estoy bárbaro así. La casa en silencio. Mis discos ordenados. La tele en el placard. Mis milanesas y mis papas fritas. En cualquier momento me compro un Wok. Había tomado definitivamente las riendas de mi vida desde el último divorcio. Tal vez más adelante... no sé. Ya somos grandes. Además... ¿Qué hago con la nena de Lucía? Uy... ¿Dónde mierda deje el teléfono? - Hola hermosa – Si... yo también te extrañe todo el día. - ¿Candela se acostó ya? No importaba el tiempo. Mi milanesa se enfriaba y mis papas se ponían gomosas. Cuando nuevamente la casa se ponía en silencio y repasando la charla con Lucía me daba cuenta que ella también se estaba enamorando de mí. Estoy jodido - pensé.